Al lado del camino



El fin de semana pasado fui a Acapulco con mi novia, el plan era
acampar en la playa bajo un cielo estrellado, luna llena y mar
incesante. Sin embargo, todo cambió cuando me desperté llegando a
Acapulco, presentí que algo extraordinario iba a sucederme. El camión
pasó por la última caseta, yo miré por la ventana y vi un cielo
intensamente azul, como nunca antes lo había visto. Después el autobús
giró a su derecha hacia la carretera costera, frente a mí se
encontraba el mar, las palmeras y una brisa que silbaba una melodía
conocida.

En la siguiente esquina, perdida en el horizonte la vi por primera
vez, era una curva esbelta que rodeaba con su hermosa cintura un
peñasco, tenía una silueta perfecta, extendida de manera circular y
embellecida por las flechas amarillas preventivas. El camión en un
sinuoso camino se empezó a aproximar a ella, dando vueltas y vueltas,
de un perfil a otro fui descubriendo sus formas, acercándome a la
curva más hermosa del mundo.

Desde la ventana me asomé y le pregunté su nombre sin embargo, ella no
quiso contestarme, traté por todos los medios de llamar su atención,
agité un pañuelo por la ventana, le dije que mi nombre era Roberto,
que iba a Pie de la Cuesta y que me gustaría conocerla. Cuando por fin
ella volteó a verme tuve que sentarme nuevamente en mi asiento pues
con mi alboroto mi novia se había despertado.

El autobús pasó frente a mi amiga y por primera vez nuestras miradas
se cruzaron, me susurró al oído su nombre: Gloria y me cerró el ojo en
claro signo de aceptación.

A partir de ese momento, no tuve un minuto de tranquilidad, el mar y
la playa, incluso mi hermosa novia pasaron a segundo plano, todo se
sintetizaba en la hermosa curva que había conocido y en pronunciar su
nombre: Gloria.

Por la noche me escapé del campamento y caminé casi una hora hasta
llegar junto a la dueña de mis amores, la desperté con una leve
caricia por su larga espalda y la besé con suavidad como si su cuerpo
de concreto fuera el más frágil de los cristales. Permanecimos en
silencio toda la noche, mientras los autos pasaban a gran velocidad.

A la mañana siguiente regresé nuevamente con mi novia, pero algo en mí
había cambiado por completo, qué podía decirle a ella, nunca me
creería que me había enamorado de una curva, nunca lo aceptaría. Pasé
todo el día ahogado en remordimientos, sin saber que hacer. Pero al
llegar la noche lo tenía todo claro. Escribí una carta de despedida y
la dejé junto a la almohada antes de partir. Tomé sólo la ropa que
llevaba puesta y me perdí en la oscuridad de la noche.

El reencuentro con Gloria fue amoroso y tierno. Esa noche dormí
desnudo abrazado a ella.

Al día siguiente, ya sin remordimientos, decidí ir al poblado más
cercano para comprar algunos utensilios necesarios para mudarme
definitivamente con mi nuevo amor. Pasé toda la mañana comprando
víveres para una semana, platos, cerillos y al final compré un ramo de
claveles. Regresé en el transporte público, mis pulmones apenas podían
soportar las bocanadas de aire que mis suspiros hacían entrar y salir.
Feliz como nunca hacía planes para el futuro.

Vi cómo un par de ambulancias se abrían paso por el lento transitar de
los autos y un mal presentimiento se fue apoderando de mí. El tráfico
se hizo lento y por momentos se detuvo. Ya no podía aguardar más,
decidí bajarme y correr por la orilla de la carretera.

Me fui acercando poco a poco, llevando a cuestas todas mis compras
hasta que pude comprobar con dolor que efectivamente las ambulancias
se habían detenido en el sitio donde se encontraba mi curva. Mis ojos
se llenaron repentinamente de lágrimas y mis brazos dejaron caer al
suelo todas las bolsa. Corrí desesperadamente, las filas de autos me
miraban con turbación, cuando me escuchaban gritar su nombre: Gloria.

Los policías que resguardaban la zona no pudieron detenerme y pude
llegar hasta la zona en que el trailer se había volcado e impactado de
frente con mi hermosa prometida. No quedaba nada de ella, la mayor
parte de su cuerpo había volado por el precipicio y lo demás se
encontraba en forma de escombros bajo la mole de 6 toneladas del trailer.

Yo me fui a golpes sobre el conductor asesino, quería matarlo, quería
vengar mi amor, mis manos lo tomaron por el cuello y depositaron en el
suelo. Le di numerosos golpes hasta que llegaron a su auxilio cuatro
policías que me alzaron por los aires y me llevaron detenido a la
cárcel por intento de asesinato.



Aquí llevo 2 días enteros, pero me acaban de decir que viene en camino
mi novia desde la ciudad de México, que he sido identificado y que
cuando ella pague la fianza yo podré salir en libertad.

No sé qué hacer, qué puedo decirle a mi novia, nunca me creerá que me
había enamorado de una curva, nunca lo aceptará... ella era hermosa,
esbelta, se llamaba Gloria.

Roberto Cortés Hernández

Regresar al index