Ayer me enfermé de ti.
Ayer me enfermé
de ti,
atranqué la puerta de mi casa,
junté todas mis emociones
y las puse cara a cara...
y fui testigo de
sus reproches,
de su pelea y de su agonía.
Ayer me enfermé
de ti, amor,
y no quise salir en todo el día,
absorto, derrotado, confundido...
me dejé caer en la cama
con un vacío dolor en el pecho.
[Cómo duele
desamarte,
cómo me cuesta hacerme a la idea]
El paso de las
horas bañó de escalofríos mi cuerpo,
y sentí sudor y sentí esta maldita soledad
que me fue cubriendo poco a poco,
hasta intoxicarme el cuerpo,
hasta nublarme la vista.
Y vi demonios danzando
alrededor de mí yacido cuerpo,
y de lo que fue carne brotaron gusanos,
y de lo que fue hueso quedaron cenizas,
y mis ilusiones se volvieron pesadillas
que me arrojaron a lo más oscuro de mi alma.
Ahora que abro los ojos,
ahora que te he borrado,
espero paciente el paso del tiempo,
espero paciente,
el buen momento, la tierra buena,
la semilla, la lluvia,
la mirada de unos ojos, que me haga renacer.
Roberto Cortés Hernández