¡Hagamos un dios!

Vamos, anda, hagamos un dios,
que sea como nosotros... o para ser más originales,
hagámoslo completamente diferente a nosotros...
pongámosle flores en vez de manos,
arcoiris en vez de sonrisa y como olor personal la canela,
hum, sí, ¡Cómo me gusta la canela!.

Quememos incienso ahora,
para hacer volar sus pensamientos,
y que lleguen a todas partes
y no pidamos limosnas, ni edifiquemos templos,
los templos sirven sólo para la gente de poca imaginación.

¿No te gusta?
Bueno, hagámoslo de lo más sencillo,
ya sé que no tenemos arcilla,
pero mira, aquí tengo periódico,
un poco de vidrio y unas cuantas latas de aluminio,
anda, hagámoslo reciclable,
¿Sí? ¡Así lo podríamos rehacer una y otra vez!.

¡Mira qué fácil es!
mezclemos todos los ingredientes
e insuflemos nuestras pobres esperanzas en él
démosle vida para que pueda abrir los ojos
y se sorprenda de todo lo que hay a su alrededor.

¡Hagamos un dios!
Anda, te juro que no es pecado, ni nada malo,
¿No me crees? Yo quiero un dios... yo quiero un dios,
te prometo que lo voy a cuidar,
No seas floja...
Mira ya humedecí el papel,
Ya tengo el pegamento
qué dices, ahora,
¿Sí? Anda, ¡hagamos un dios!.

Roberto Cortés Hernández

Regresar al index