Escarpada
Si tu cuerpo fuera una montaña,
no habría poder humano
que me hiciera desistir de escalarlo,
de trepar y reptar
por lo suave y dulce de tus tobillos
Si una montaña
tu cuerpo fuera
subiría mano limpia,
por las escarpadas hendiduras de tus rodillas,
para bordear con cautela
las blancas veredas que son tus piernas.
Si tu cuerpo fuera
una montaña
no me importaría morir en la escalada
porque la vida siempre es una cuesta arriba
y el amor no está exento de caídas.
Tus pechos son el mejor de los refugios
el lugar donde acampan los noctámbulos,
los perdidos, los que no tienen fe,
los que para creer,
no requieren una Biblia, ni de palabras sagradas,
quizá, tan sólo de un cuerpo donde asirse y pasar la noche.
Si tu cuerpo fuera una montaña,
subiría a lo más alto,
donde el aire me reviente los pulmones,
donde el cielo palidece
ante el color y el calor de tu mirada.
...y si tus labios
me hablaran
en lo alto de tu montaña,
si me susurraran para que no bajara,
para quedarme en ti,
junto a tus pecas y tus ojeras grandes,
junto a esas muecas que luego haces,
tus gestos de niña regañona y tu tristeza.
Alzaría un altar que sirviera de adorno
a tus cabellos castaños y me quedaría allí,
seguro de haber encontrado mi hogar.
Si tu cuerpo fuera
una montaña
y algún día tuviera que dejarlo,
exigiría que nunca se usaran guías, ni pernos,
para que aquel que osara escalarlo
lo hiciera sin mapas, con los ojos vendados,
siempre como la primera vez.
Roberto Cortés Hernández