Rota inspiración
De dónde sacaré versos precisos
si nunca he arado la tierra.
Esto de vivir en la ciudad,
alguna deformidad debe de ocasionar,
una especie de reumatismo mental
que te impide articular frases imaginativas
un dolor agudo, una vista nublada
un vago concepto de la realidad.
Sólo así
puedo explicarme
lo parco que soy para encontrar
el ritmo en las palabras.
Por eso haz de perdonar
que no hable mucho de flores,
pues soy incapaz de distinguir un geranio
de una margarita. Una rosa de un clavel.
Cómo decirte
que tu aliento huele a jazmín,
cómo decirte que tu sexo
huele a tierra recién mojada. -¡Oh Sabines!-
Si aquí cuando llueve se inunda el alcantarillado
y el pavimento recién mojado sólo hace patinar los neumáticos
y provoca algún choque y, entonces, ruido de sirenas
y vidrios empañados que están muy lejos de describir
este espacio vacío, eterno, que tengo en el corazón.
No podría
pintarte un paisaje
teniendo en mente semáforos descompuestos,
anuncios espectaculares y un puñado de estrellas
que se atreven a desafiar la gris atmósfera que me rodea,
y parpadean de vez en cuando, como para recordarme que existen otros mundos,
otras latitudes, otras formas como las tuyas
tan hechas para mi tacto, para mis manos, que agotadas,
se resisten a seguir usando
este frío y absurdo teclado de computadora.
Cómo explicar
que me siento marchito,
que mis alegrías se deslizan como hojas secas hasta el suelo,
qué no veo la hora de volverte a ver,
de hablar y hablar hasta hacer tu risa brotar,
que tu eres mi mejor estado mental,
mi cordura.
Mi única estación para germinar,
mi lluvia, mi sol, mi viento, mi noche, mi río...
en una palabra, mi hogar.
Roberto Cortés Hernández