El Sprint Final
Desde que se tiene conciencia, desde el momento en que puedes sostenerte por ti mismo y correr se inicia nuestra actividad en el gimnasio. Todo el día entrenando, todo el día haciendo pruebas y perfeccionando nuestra técnica.
A pesar de lo que se pudiera pensar no nos hacemos bolas, si bien somos muchísimos, existe algo así como una hermandad entre nosotros. Nos saludamos, hacemos amigos con facilidad y cursamos juntos un rápido curso de competencia deportiva. Hay que estar preparado siempre, uno nunca sabe cuando puede ser la carrera. Nos ayudamos, pero bueno, uno sabe muy bien que en la competencia sólo habrá un vencedor, uno quien se llevará las glorias.
En pesas se entrena por equipo. José, Francisco y René son mis compañeros. Entre los cuatro hacemos una extensa lista de actividades: abdominales, saltos, pesas, bench press, bíceps, triceps, revers curl, peso muerto y hasta chacotemos jugando fuercitas.
Del otro lado se encuentra el gordo Alfredo que presume siempre de ser el más fuerte. Quizá lo sea , pero es muy lento para correr... jamás ganará. A su lado ¿Cómo se llama? Es nuevo, creo Roberto, bueno, como todo principiante cree que puede ganar, vencer a quienes hemos puesto tanto esfuerzo en nuestra preparación. Por último, no puedo ignorar a los afeminados. ¡A cómo abundan por acá! Bola de maricas, pero en fin, la competencia los contempla. Son una locas, siempre vienen a entrenar en mallones fosforescentes, ríen como alharacas y les encanta contonearse. Para nosotros es una ofensa ser vencido por uno de esos afeminados y lo peor de todo, es que hasta el momento ellos tienen mejor promedio de victorias. Por eso nos esforzamos día a día, para llegar a la meta primero.
Por fin se acerca el momento, lo presentimos, vaya que sí. A la víspera de la carrera se genera una algarabía en todos nosotros, un sentimiento similar a la embriaguez. No hay mañana. Es ganar o morir en el intento.
La pista se alza ante nosotros. Nos mandan a nuestras posiciones respectivas. Hay buenos deseos para todos. Somos muchísimos y todos profesionales. Yo tengo la tercer mejor marca y con ello, una real oportunidad de ganar. Sé muy bien que mucho de mi éxito dependerá del arranque, saltar lo más rápido posible y tener mucho cuidado para salir bien librado de los obstáculos que los organizadores hayan puesto en el camino.
Aquí vamos
"En sus marcas, listos... ¡Fuera!" Y salimos todos juntos, somos
un ejercito, un batallón, millones con un solo objetivo: fecundar al
óvulo.
Roberto Cortés Hernández