El suicida
Ni la gente de Próvida reclamó cuando en el Primer Congreso de
Suicidas Anónimos, se develó una colosal estatua de 10 metros
de altura de su santo patrono. Quizá porque dicho evento contó
con la aprobación de la jerarquía católica y con la presencia
de su Excelencia el Cardenal de México Monseñor Norberto Rivera
Patrón.
La estatua había sido hecha por "l' enfant terrible" José Luis Cuevas, que para dar mayor espectacularidad a su obra la había asentado en una base de cristal. Era ni más ni menos que de Jesucristo, a quién se le nombró, bajo el auspicio de la Santa Sede, como el mayor, el sumo, el más grande suicida que haya procreado la historia. Pues acaso no reza el evangelio eso de "A mí nadie me quita la vida, yo soy el que la doy" .
A Jesucristo -dijo el primer orador- no lo mataron los judíos, ni lo matamos nosotros, fue él, sí, él quien se la quita en un acto concientemente reflexionado.
Y para concluir
la ceremonia con un acto digno de ella, durante el vino de honor una de las
integrantes más veteranas de la Asociación vio por fin consumado
su más grande anhelo, con una soga se colgó del brazo de la monumental
estatua. Así, bajo una lluvia de aplausos, lograba su objetivo: morir
en los brazos de Nuestro Señor Jesucristo. Así sea.
Roberto Cortés Hernández