Puede ser verdad, puede ser mentira, pero no pueden negar la posibilidad... eso lo pienso ahora, que doy contra mis huesos, aquí, sentado en el rincón de un microbús. ¿Que qué pienso? Trataré de explicarlo con estas palabras: Yo creo que algo hemos hecho los chilangos, los habitantes de esta desparramada urbe, no sé, tal vez pecados impronunciables, atrocidades inhumanas, qué se yo, acciones de otras vidas que merecen ser castigadas de la forma más severa... recuerden, los designios de Dios son insondables.
Cada día que pasa me convenzo que estamos pagando una manda en esta ciudad, que llevamos siempre nuestra cruz a cuestas y que estos seres monstruosos que van al volante son los encargados de taladrar nuestra paciencia, por eso frenan de manera desprovista para mandarnos a todos al suelo, lastimando nuestras muñecas al mismo tiempo que socavan nuestro espíritu, por eso, a propósito, SÍ, A PROPÓSITO no detienen totalmente el microbús en el ascenso o descenso de
pasajeros, por eso tenemos que correr y saltar con el Jesús en la boca, por eso nos gritan malhumorados que nos recorramos, qué caben dos filas, que el asiento del fondo son para 5 personas.
¿Están conmigo? Si no, ¿Cuál sería la razón de que dejarán al olvido el mantenimiento de la unidad? ¿Porqué esos pasamanos oxidados? ¿Para qué esos asientos tan incómodos? ¿Esas vestiduras hechas jirones? ¿Ese olor a rancio y sudor? ¿Por qué? ¿Para qué?...
Si existe el infierno debe estar lleno de verdugos parecidos a los conductores de microbús de la Ciudad de México, prepotentes, irresponsables, con malos modales... si existe el infierno debe parecerse mucho a nuestro regreso diario, aguijoneados por hordas de orangutanes tras un volante, que hacen base en cada semáforo y que muestran su descaro con una mueca de superioridad.
Cada quién con sus pecados. Cada quien que busque sus indulgencias en este valle de lagrimas... lo que no acepto bajo ningún pretexto es que tengamos que soportar su mal gusto. ¿Para qué la radio a todo volumen? ¿Por qué ese forro de peluche azul? ¿y esos zapatitos de bebe colgados del tubo?...
Dios mío, tan lejos del cielo, tan cerca de la ruta Taxqueña – Tulyehualco.